lunes, 14 de junio de 2010 | | 0 comentarios (Dejar un comentario)

El origen de la Universidad Argentina

(Del libro Universidad en Santiago del Estero)

La corona imperial hispana tuvo a la educación, desde los orígenes del imperio, como preocupación prioritaria, tanto de los "hijos de los indios" como de los españoles. La educación superior fue desde los comienzos, una de las prioridades que impuso la corona. Testimonio de esta preocupación es la fundación de la primera Universidad en Santo Domingo, el 28 de octubre de 1538, apenas a cuarenta y seis años del Descubrimiento de América, en el lugar donde llegó Cristóbal Colón, donde los europeos pisaron por primera vez suelo americano.
El Rey Carlos I de España y V de Alemania, y el Papa Pablo III por Bula Im Apostulatis establecía la primera Universidad en el continente americano. Conforme a las resoluciones del Primer Sínodo convocado desde Santiago del Estero en 1597, por el obispo Monseñor Fernando de Trejo y Sanabria, dispuso la fundación de un Seminario en la Villa de Nueva Madrid de las Juntas, dando cumplimiento a la Real Cédula de Felipe II de 1592, que mandara la fundación de seminarios en las diócesis de Indias. Nada se sabe y aún se duda si aquel seminario llegó a funcionar.
Hacia 1606, modestamente actuaba un seminario en la capital de Santiago del Estero (Achával, 1988). Se trataba de una “fundación incoativa”, sin verdadero carácter jurídico, según lo expresa el historiador Cayetano Bruno (Bruno, 1961).
Debido al informe del gobernador Ribera y del tesorero de la Catedral Francisco de Salcedo, el Rey dictó la Real Cédula el 25 de julio de 1609, que erigió el Colegio Seminario de Ciencias Morales bajo la dirección de la Campaña de Jesús. El 17 de diciembre de 1611 se inauguró solemnemente en Santiago del Estero el Colegio Seminario Santa Catalina Virgen y Mártir que señala el punto de partida de la enseñanza superior en Argentina.
Cabe aclarar que los jesuitas, por su prédica a favor de los aborígenes y por intrigas suscitadas por los encomenderos, debieron alejarse de Santiago del Estero, capital de la gobernación, y trasladarse a Córdoba (Alén Lascano, 1966). El obispo Trejo dictó entonces un auto encargando al párroco de Córdoba que hiciera gestiones para que los jesuitas tomaran a su cargo el Colegio Seminario (Achával, 1988).
El 15 de mayo de 1614, desde su sede episcopal en Santiago del Estero, el Obispo Trejo informaba al Rey que el 29 de julio de 1613 había dispuesto establecer el convictorio de San Francisco Javier y estudios universitarios en Córdoba. Era tal la preocupación del obispo Trejo por la educación superior que donó todos sus bienes incluyendo la casa en que él vivía, para la fundación de los estudios de carácter superior. El hecho que los institutos hayan funcionado en forma incoativa, es decir sin la autorización previa de las autoridades máximas, evidencia la voluntad del pueblo en apoyo a la iniciativa del Obispo.
Es evidente que cuando una institución se origina por voluntad de la comunidad, tiene verdadera validez, más que la establecida por un poder extraño. El origen democrático otorga autoridad genuina y se justifica con mayor firmeza, que cuando es iniciativa de la fuerza del poder. La autoridad del Rey y de la Iglesia respaldó posteriormente la obra que estaba ya en funcionamiento.
Los antecedentes expuestos se basan en las Actas del Cabildo Eclesiástico referentes al Colegio Seminario y en la autoridad de los historiadores Cayetano Bruno (1961), Vicente Sierra (1944, 1952, 1955, 1970), José Néstor Achával (1988 y 1993) y Luis Alén Lascano (1996).
Santiago del Estero experimentó esta situación, no solamente en aquellos primeros tiempos. La facultad de Ingeniería Forestal –que reanudó los estudios de nivel universitario- se inició gracias al apoyo del poder provincial y por gestión de un ministro, el Dr. Horacio G. Rava, que respaldó las acciones que habíamos realizado en Santiago del Estero, y así se pudo reestablecer la actividad universitaria en Santiago del Estero. Cuando ya funcionaba la facultad solicitamos el apoyo de la Universidad de Córdoba, que le dio "validez académica", pero no la sostuvo durante los diez primeros años, 1958 – 1968.
Similar proceso tuvo la Universidad Católica de Santiago del Estero, fundada por laicos en 1960 y sostenida por el pueblo de Santiago del Estero mediante las cuotas que aportaban los estudiantes; necesitaba el apoyo de la Universidad Católica de Santa Fe para su reconocimiento oficial.
Es evidente que en los primeros tiempos, la jerarquización de los estudios del máximo nivel, no se manifestaba con la claridad que suponemos actualmente. El seminario era el encargado de la formación de los sacerdotes, únicos intelectuales educados sistemáticamente. No resultaba de fácil comprensión la relación que podía existir entre estudios secundarios, estudios superiores y estudios universitarios. Estudios universitarios se interpretaban como aquellos de elucubración puramente intelectual, para lo cual, en el imperio español se fundamentaban especialmente en la autoridad de Santo Tomás de Aquino y en el Doctor "eximius" padre Francisco Suárez. El colegio Santa Catalina Virgen y Mártir, impartía estudios superiores: metafísica, filosofía y teología.
El Breve papado de S. S. Gregorio XV del 8 de agosto de 1621, venía a corroborar la real disposición del 13 de junio de 1613 por la cual se concedía por 10 años a los Obispos de Indias Occidentales la potestad de conferir grados de bachilleratos, licenciaturas, magistraturas y doctorados, a los que hubieran estudiado durante cinco años en los colegios formados por la Compañía de Jesús, en las islas Filipinas, Chile, Tucumán y Río de la Plata, donde no había universidades de estudio general que distaran por lo menos doscientas millas de las universidades públicas. Al principio sólo se admitieron estudiantes para el sacerdocio. Recién en 1764 pudo recibirse a seglares (Achaval 1988).


Néstor René Ledesma

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