martes, 1 de septiembre de 2009 | |

El pueblo forestal argentino

Una gran parte del pueblo argentino vive en el bosque y su recurso fundamental está constituido por el trabajo en el bosque. La situación de esta porción del pueblo argentino, que abarca en su distribución una tercera parte del territorio nacional, puede calificarse como el más bajo nivel económico y social de la República. Expresado así en terminología técnica impresiona poco la sensibilidad general del que no conoce la tragedia del pueblo forestal directamente.
Si pensamos que su alimentación es tan deficiente que no puede nutrirse suficientemente; que su vestimenta, especialmente en los niños y mujeres, no reúne las mínimas condiciones de decencia ni de protección; que su habitación es menos que un rancho, frecuentemente es una tapera; que su estado sanitario por falta de alimentación, de protección a la intemperie y de higiene es alarmante; que los niños no pueden recibir educación adecuada por el carácter migratorio de la explotación; y que su futuro es peor que el presente, estaremos de acuerdo que este pueblo padece un nivel económico y social desesperante.
Conocer un mal suele ser el comienzo de la solución de ese mal, porque la sensibilidad del hombre de gobierno busca medios adecuados para resolverlo; pero en nuestro caso no es la simple intención de arreglar las cosas lo que nos devolverá la esperanza de una solución.
El mal que aqueja al pueblo forestal reside en que se realiza un gran esfuerzo para obtener productos de poco valor. La empresa a la cual sirve no puede obtener grandes réditos por la falta de evolución técnica en sus actividades y, en consecuencia, la parte de la ganancia destinada a salarios, es necesariamente insuficiente para dar un nivel de vida razonable al pueblo. Se ha creado la leyenda de que los bosques de la región central de la República Argentina, nuestra región, en la que se desarrolló en mayor escala la actividad forestal, no son de gran valor. Esta leyenda justifica la destrucción, pues si el bosque no vale gran cosa, poco se pierde al eliminarlo.
Sin embargo, la explotación forestal en la República Argentina se concretó desde el comienzo, afectando principalmente al quebracho. El quebracho fue talado, explotado y exportado. De esa actividad surgieron enormes capitales, que se invirtieron fuera de la región forestal argentina y aún fuera de la República Argentina. Esos capitales fueron casi todos extranjeros, no tenían ningún cariño a la región forestal argentina, ni al quebracho, ni tenían misericordia por el pueblo forestal.
Nunca se había pensado que la única región del mundo que tiene quebracho es nuestra región, la región central de la República Argentina. Nunca se había pensado tampoco que el quebracho puede ser otra cosa que carbón, leña, postes y durmientes. Sin embargo, el quebracho puede ser objeto de industrialización y con la industria se puede obtener una gran ganacia económica de cada tronco. Obteniendo altos ingresos habrá un buen rédito para el capital y tendrá interés en ir aumentando y reinvirtiendo sus ganancias en esa misma región. Habrá progreso permanente y, en consecuencia, el pueblo obtendrá la ganancia de lo que le corresponde.
Hay una palabra que nuestro pueblo todavía no sabe cuanto vale, es la palabra técnica. Nuestro pueblo no la comprende y nunca habían comprendido hasta ahora los representantes de este pueblo, que técnica significa manejo inteligente de la riqueza, significa ganancias, progreso y, sobre todo, la consecuencia de esto: significa bienestar para el pueblo.
Nuestro país no tenía técnicos forestales, es decir, hombres que entiendan lo que es el bosque, que sepan utilizarlo científicamente, obteniendo de él la mayor ganancia posible y por lo tanto promoviendo el progreso.
La falta de técnica ha determinado la explotación irracional, es decir, primitiva, destructora, ignorante, antieconómica de nuestros bosques. Se ha destruido el capital sin obtener ganancias y hemos quedado con una región inutilizada en el concepto de la explotación anterior, es decir, hemos tirado el capital sin obtener nada. Era necesario por lo tanto poner la cabeza, el razonamiento, la inteligencia y sobre todo la ciencia para evitar que nuestros hijos se mueran literalmente de hambre o tengan que irse a tierras extrañas por la incapacidad de sus padres.
Es por esta razón que el lugar que más siente la tragedia del pueblo y de la naturaleza, del presente y sobre todo del futuro, Santiago del Estero, ha despertado para dar capacidad a la juventud y defender el bosque y con el bosque el futuro de esta región, ya que el pasado ha sido de destrucción.
La única Facultad de Ingeniería Forestal de la República Argentina, la única institución capaz de orientar a la juventud para conocer el bosque, otorgarle el máximo valor como materia prima y usar este medio para elevar el nivel económico y por lo tanto social del pueblo, dándole bienestar y promoviendo su cultura, no podía estar en otra parte que en Santiago del Estero. En esta región la juventud ahroa culta, los hombres ahora capaces tendrán así el corazón sensible al dolor del pueblo, pero a la vez la inteligencia preparada para resolver el problema más grave que aflige a la República Argentina: la situación de su pueblo forestal.


Néstor René Ledesma

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